Bienestar animal: ¿Opción u obligación moral?
Y si digo bien, moral y no ética, la ética es el estudio de la moral, la moral es la práctica del comportamiento, de cómo actuamos. El título no pretende para nada actuar como una provocación sino en todo caso como un llamado a la reflexión desde el punto de vista de nuestra evolución como especie y nuestro nivel intelectual y de educación.
Debo confesar que me es muy difícil hablar de bienestar
animal de manera objetiva, porque mi tendencia siempre es el sesgo
proteccionista, he pecado muchas veces de “sensiblería” si se quiere, pero este
tema particularmente toca una fibra muy profunda y muy sensible que me genera
incluso enojo además de frustración, porque simplemente me cuesta comprender
como un humano “ese ser superior de la creación” es capaz de provocar tanto
daño, pero como bien me dijo mi querida amiga Caro, hoy invitada al programa
con quien ya hablaremos del tema “pensá que por suerte un humano observó que
los animales necesitaban bienestar”.
Así es, somos la personificación del ying y el yang, somos
grandeza y miseria, luz y oscuridad… somos correctos e incorrectos.
Y me voy a ir un poquito más para atrás y salirme
puntualmente del tema para plantear algo que me parece importante tener en
cuenta… en algún momento de la historia el ser humano dejo de verse y sentirse
como parte de la naturaleza, entendiendo por naturaleza todo lo que no es
artificial, urbano, y comenzó a verlo como algo de lo que para “poder hacer
uso” debía apropiarse, olvidándose de que ya es propio… y desde ese punto
comenzó lo desmedido de la utilización de la naturaleza, de los recursos, de
los seres vivos y demás.
Esto queda en evidencia cada día, si observamos como en
general el ser humano se comporta frente a ambientes naturales como reservas, áreas
protegidas, parques protegidos, la propia ciudad… El ruido de lo material, del
mundo consumista nos arrancó de raíz de la madre tierra para alienarnos en un
ser humano netamente artificial que no puede o cree que no puede prescindir de
los materiales que ha logrado conseguir.
Por ahí el termino correcto no sea apropiación, que es
básicamente “adueñarse de algo”, cómo podemos adueñarnos de algo de lo que
somos parte y ahí es donde hemos perdido el sentido de la naturaleza… creo yo
que el término correcto es “pertenencia”, pertenecemos a la naturaleza, no
necesitamos apropiarnos de ella, ni de sus recursos, ni de sus seres vivos.
Somos seres vivos naturales.
Y volviendo al tema de hoy… y de nuevo sé que caigo con mi
sesgo proteccionista… Pensemos en una célula, la mínima unidad de la materia
viva… y cuando estudiamos biología estudiamos las diferencias entre “la célula
animal y la célula vegetal”, pero no la diferencia entre la célula de una vaca
y la célula de un humano… ¿y saben por qué? Porque los humanos pertenecemos al
reino animal, porque compartimos muchos aspectos del funcionamiento del
organismo con los animales, tenemos casi todos los mismos órganos, compartimos
el sentimiento de dolor, calor, frío, malestar físico, sed, hambre, y ellos
también tienen cerebro, ya es obsoleto de verdad, muy obsoleto pensar que el
humano es el único ser inteligente sobre la faz de la tierra. Ya la ciencia
demostró, con mucha evidencia, que no solo hay distintos tipos de inteligencia,
sino que el tamaño del cráneo y del cerebro no influyen en la capacidad de
aprendizaje, capacidad cognitiva y la capacidad de elaborar estrategias… ¿cómo
podría sobrevivir un animal en un medio hostil, prístino o salvaje si no fuera
capaz de aprender? Si no fuera capaz de elaborar estrategias de supervivencia,
estrategias para la obtención de alimentos… o en el caso de los animales de
compañía estrategias para ganarse nuestro cariño incondicional.
Vuelvo al inicio de este texto, moral, cómo nos comportamos,
cómo elegimos hacerlo, dentro de qué parámetros nos es cómodo actuar y no hablo
solo con respecto a los perros y los gatos, hablo de los caballos y su
histórico y largo sometimiento al trabajo forzado al servicio del hombre desde
su uso como herramienta de trabajo y tracción a sangre, así como transporte de
guerra, hablo de la fauna arrancada de cuajo de su hábitat natural por el
tráfico ilegal, con el único objetivo de satisfacer la demanda humana de poseer
algo único, por lo que ser admirado por la sociedad. Hablo de los animales de
producción sometidos a niveles de estrés que no soportaríamos previo a la
muerte, con técnicas ya obsoletas y que nada tienen que ver con la evolución
humana. Hablo de un perro callejero muerto de miedo con los ruidos de la
pirotecnia durante las fiestas de fin de año y sin un lugar donde resguardarse
y a la vista de todos, hablo de los gatos negros cazados por humanos en las
ciudades durante la mal llamada fiesta de Halloween con una crueldad propia de
la barbarie. Hablo de la práctica de la matanza anual de focas bebes cada
primavera en Canadá, cuando la nieve blanca se tiñe de rojo. Hablo de los
animales de laboratorio sometidos a un nivel de dolor tan cruel que es
inimaginable. Y todo esto a lo largo de la historia ha sido provocado por
humanos, aunque sean prácticas catalogadas como inhumanas.
Si definitivamente mi sesgo es proteccionista, pero no lo
lamento, al contrario, agradezco poder ver más allá de mi nariz humana, pero
con un espíritu muy animal.
Voy a terminar con una frase que no es mía pero la cito... y los invito a reflexionar al
respecto, a mirar un poco hacia adentro y pensar, a dónde estamos y a dónde
queremos llegar o quiénes queremos ser como sociedad y nación:
Gandhi dijo que “la grandeza de una nación y su progreso
moral pueden ser juzgados por la forma en que trata a sus animales”.
M. Aniela Zubrzycki

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